1 dic. 2011

Walking Class Hero


Cuando George A Romero decidió grabar su ya famosa Noche de los Muertos Vivientes como una crítica al capitalismo salvaje, seguro que no pensaba que, 30 años después, sus zombis iban a salir de la tumba de las videotecas frikis para convertirse en el objeto de consumo de masas más desenfadado del momento. Digo esto a raíz del éxito de The Walking Dead, que ha puesto la puntilla a una tendencia que se veía en alza en el cine desde hace varios años, y tiene pinta de llevarse por delante a todos los vampiros ninis que dominaban el cotarro hasta hace bien poco. Lo que llama la atención de todo esto es que ha sido a partir del estallido de la crisis que nos devora cuando los muertos vivientes han reivindicado un lugar en nuestro imaginario pop. La masa informe, que no sabe muy bien hacia donde moverse en su continua búsqueda de alimento, da mucho miedo porque somos nosotros, o podríamos serlo en cualquier momento. ¿Será que tenemos miedo de nuestra propia decadencia? No sé, no sé. Será por eso, pues muchos se han subido ya al carro de una especie de conciencia de clase zombi, (que va a ser el disfraz que lo va a petar estos Carnavales) no sé si de forma consciente o no, pero que propongo desde ya que sea capitaneada por Belén Esteban, que de esto sabe un rato. Realmente, hoy en día, hay muchas más posibilidades de ser mordido por un muerto viviente que de serlo por un vampiro...

 Como decía antes, hasta hace muy poco la dominante en el monstruario mainstream eran unos vampiros más enfermizos que terroríficos, de naturaleza adolescente y atormentada, que nacían del Drácula de Coppola y se convertían en estampitas a partir de Entrevista con el Vampiro. Salvo honrosas excepciones, aquel que en su día aterrorizó los Cárpatos se había visto reducido a un pelele que susurraba estribillos de 30 Seconds to Mars a nuestras hermanas adolescentes. ¿Cómo no iban los zombis a hacerse con el control? Ellos representan un bocado de realidad en los terrores imposibles. Son feos, faltos de glamour, torpes y clónicos, son muchos y nada carismáticos, y no practican el sexo, ni falta que les hace. Disfrutar del universo zombi como reflejo de lo que somos, al menos en este momento, me parece un ejercicio de madurez encomiable. Por cierto, The Walking Dead tiene toda la pinta de acabar como Lost, cabreando a sus espectadores. A mí me da igual. Si quiero ver zombis no necesito una tele. Necesito un espejo.

Originalmente escrito e ilustrado para Vanidad, febrero 2011

2 comentarios:

  1. Joder, justamente estaba escribiendo un reportaje sobre esto. Grande. Pero te olvidas de el efecto inmigración de Europa del Este: esas pandillas de rumanas, con faldas y sandalias, con bebés colgando de la teta y niños como perros salvajes, fueron los primeros zombies reales que vimos en occidente, ahí empezamos a sentir miedo.

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  2. Para mí, la imagen viva del zombismo es la del "paseo de los domingos". Arriba y abajo sin dirección por la calle principal, sea esta Preciados, Arenal, La Peregrina, La Rúa del Villar, El Paseo Marítimo o cualquiera de ellas. Me produce escalofríos.

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