20 feb. 2012

Búnker anticrisis

Al parecer, en épocas de crisis, nos gusta invertir en bienestar, en pequeños caprichos de estética y de confort, por pequeños que sean, que nos hagan percibir que nuestra vida cambia o mejora. En momentos de vacas flacas, nos gusta volver al hogar. En realidad, algunos no tenemos otra opción. Por eso no me sorprendía lo que leía el otro día en algún periódico: Ikea había aumentado de forma significativa su facturación en nuestro país en los últimos dos años. Sus anuncios, por ejemplo, han sabido adaptarse muy bien a este retorno al nido que se ha impuesto en nuestro mundo cotidiano. 

 Supongo que cada vez se hace más vida en casa. Cuevana, Playstation, Facebook, Amazon o Youtube cumplen el papel que podrían cumplir hace años cines, salones de juego, bares, o calles comerciales, y las fiestas en casa de... acaban por ser los momentos memorables de la noche, donde se materializan las juergas y descontroles de última hora. ¿Por qué no llevar esto hasta sus últimas consecuencias? Estamos cansados de oír eso de que los chinos utilizan la misma palabra para crisis y oportunidad y que la vida nos brinda estos pequeños envites para aprovecharlos de la mejor manera posible. No hablo de abrazar como a una tabla de salvación el universo hogareño para salir menos de casa y ahorrarse unas perrillas, sino de reivindicar todo lo que estéticamente podría conllevar: Fiestas de pijamas, juegos de mesa (¡y el Twister!!!), jerséis de lana de motivos navideños, albornoces y zapatillas con forma de garras de animales, pasteles y galletas horneados... ¿Por qué no? Me gusta recordar al niño de La Historia Interminable, envuelto en un edredón debajo de una mesa, encerrado en su universo mientras todo al su alrededor se iba al garete. “Ok, el mundo es una mierda, pero mi mundo no lo será.” Esa parece que empieza a ser la actitud hoy en día. Posiblemente, también sea la actitud del mañana. 

 Mucho se habla de la casa inteligente del futuro, en la que todas nuestras necesidades sean satisfechas de forma centralizada, y nuestras curiosidades saciadas. Se dice que serán casas listísimas, mucho más que nosotros, y que serán capaces de comunicarnos con el exterior sin que tengamos que poner un pie en la calle. Pero yo me imagino que en este futuro estaremos todos en pijama, y nuestras vidas se rodarán sin exteriores. Acabaremos por ser animales de Sopinstant y Batamanta, de maquillarse para la webcam, de edredones y albornoces caros y preciosos. Seremos mucho más manipulables. Pero también será todo más cómodo, más suave, como las entrañas de un oso Mimosín King Size. Una vida de un insustancial casi casi nihilista , pero tal y como están las cosas, a mí no me parece tan mal.

Originalmente escrito e ilustrado para Vanidad, diciembre de 2011

Poco después cerraron Megaupload y me he visto obligado a retomar el tema para este mes. Pero eso ya lo veremos...

2 comentarios:

  1. Hola otra vez. Tengo insomnio.. Bueno al tema.. Estoy a favor de todo lo que describes en el post, de estar en cas con el pijama de corazones o del pato Donald, de ese ambiente de seguridad y fantasia. De hecho llevo viviendo asi mucho tiempo y no me arrepiento. Lo prefiero a una realidad impuesta.

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    1. Pijama del pato Donald!!!! Maravilloso! Con un pijama así ya no saldría de casa! :)

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