Ha sido un agosto productivo y he podido empezar varios dibujos de
Fauna Mongola, que iré subiendo poco a poco. Volver con algo en septiembre siempre parece como empezar el cole de nuevo, y es una sensación que echaba de menos. Porque seamos sinceros, los últimos días del verano siempre eran aburridos. Lo malo es que al días 3 de clase ya estaba deseando que volvieran las vacaciones.
Pero ese no es el tema. Una de las razones por las que abrí este blog es poder desencorsetarme de la estructura tan rígida de Fauna Mongola y mostrar ciertos detalles que, o por falta de espacio o por el reducido tamaño de imagen pasan desapercibidos. Primeros planos de los problemas de piel del
Señor Lobo, por ejemplo. A pesar de que mantiene un look juvenil no puede disimular que los años no pasan en balde.

¿De dónde viene con la mochila a las cinco? ¿Qué demonios hace con una mochila a las cinco? No tengo ni idea, la verdad. Pero hay más preguntas que ni yo, que lo conozco de toda la vida, de 10 años o más, no sé responder. ¿Quién demonios cree que es buena idea subir a Instagram una foto de dos huevos fritos? O sea, las fotos de comida de Instagram sirven para vender la gran carambola: Aparte de tener una sensibilidad estética increíble (cada uno de los filtros de fotografía pone el estado de ánimo por mi) soy un partidazo porque cocino así de bien. Le pongo amor a las cosas. Cocino para mí, pero mañana podría ser para ti." Eso dice una foto de comida. Pero dos miserables huevo fritos. Esfuérzate, cabrón, pon más esfuerzo en venderte!

La verdad es que acabé por cogerle mucho cariño al personaje. Soy un poco Señor Lobo y no lo reconoceré fácilmente, pero es así. No soy el único que le tiene aprecio al viejo gruñón. Misteriosamente, conserva una puñado de amigos del colegio que le siguen llamando fielmente, y le hacen pasarlo bien a regañadientes. Pero sobre todo, tiene a su gato, al que no le he puesto nombre aún, que es lo que más me ha gustado dibujar de toda la entrada