Me hace especial ilusión haber podido trabajar la portada de este libro, el diario en el que Werner Herzog desataba sus demonios mientras rodaba aquella oda a la obsesión que es Fitzcarraldo. Además, yo contentísimo también de trabajar con una paleta de colores tan reducida (3 y el fondo); cada día estoy más convencido de que es más difícil componer con menos colores que con más (Por eso suelo meter, amigos!). Me flipa esta colección "rústica" de Blackie Books, de apariencia sobria y colores poco usuales, si os fijáis en el resto de libros reeditados en este formato, todos respiran este aire sobrio y añejo que asocio, al menos yo, al libro de bolsillo. Además huele fenomenal. Os lo digo yo, que aunque esté con mocos, de olfato no ando corto.

